segunda-feira, 11 de janeiro de 2016


Lunes



Amaneció gris. Había llovido un poco durante la noche. Recordó con tristeza que había olvidado la planta de albahaca en el balcón y quizás el frío nocturno había acabado con sus limitadas fuerzas. Pero, para su sorpresa, nuevas hojas habían brotado. Gris. Nada que hacer, ningún lugar a donde ir.

Cuando anoche se iba a la cama, después de la cena con algun@s de sus compañer@s de la sangha, vio aquel libro en su estantería. Hacía tanto tiempo que no leía una novela. Decidió que se dejaría contar un cuento para dormir. Algun@s habitantes de un pequeño pueblo del interior empezaban a recibir llamadas telefónicas de sus seres queridos que ya no estaban en esta vida. ("Si supiéramos lo que aparece después, no sufriríamos tanto en la vida, como nos hace sufrir el miedo a la muerte").

En el camino a la cama con la novela en la mano, vio los discos en la torre de cds, en un ángulo escondido de su cuarto. Ella, tan aficionada a los sonidos del silencio, hacía tanto tiempo que no escuchaba música que no fuera de una sadhana tántrica, para meditar. Tomó nota.

Se dejó contar un cuento y luego se durmió. Le gustaba tanto dormir, ese abandono. Esa contemplación.




Cuando se despertó, el día era gris y a ratos lluvioso. Lo contemplaba por detrás de la ventana mientras se ofrecía al ritual del desayuno.

Gris. Y lluvioso a ratos. Un buen día para ir al mar. El trayecto por el puerto sin duda mucho más vacío de lo habitual, de paseantes y turistas. El viento golpeaba las plantas en los terrados. Imaginó las grandes olas. Ayer había surfistas con cometas coronando la espuma blanca de olas gigantes.

Gris y viento. Un buen día para quedarse en casa a terminar de editar la última entrevista. En los descansos, salir al mercado a abastecer la despensa.



Gris, viento y lluvia. Un buen día para meditar, para que te cuenten cuentos, para escuchar música, para escribir. Para limpiar la casa y perfumar los rincones y pasillos. Para llamar a los amigos enfermos, cansados o tristes. Quizás visitarles.

Gris, lluvia y viento, un buen día para casi todo.

Cualquier cosa menos perder la conciencia del instante, aquí, ahora mismo.

Un instante eterno, como un vientre preñado de promesas, si las dejara nacer.

Si las dejara abrirse paso y aparecer.



Se quedó quieta y en silencio. Aguardando, escuchando los sonidos, las pistas. Como una detective.
Como Penélope.
Como Teresa invocando al Amado.
Como Battiato abrazado a los pies de su ángel.


Y no me dejes nunca más.




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