domingo, 24 de janeiro de 2016


La práctica de amar la vida.


Sally iba en bicicleta cuando un coche le dio por detrás y sufrió un fuerte traumatismo.

El médico preparó a su marido para lo peor porque no parecía que fuera a sobrevivir y, en caso de lograrlo, tendría que empezar a reeducar su memoria y aprender a caminar de nuevo. Por supuesto, que se olvidara de correr, su gran pasión.

Según el historial médico, Sally falleció.

Y sin embargo, lograron recuperarla.

Cuando salió de la clínica, Sally tenía por delante un durísimo reto de rehabilitación.

Pero, por encima de todo, llevaba consigo una experiencia interior que cambiaría su vida para siempre.

Como todo el mundo tiene derecho a su parcela de escepticismo, Sally no es muy dada a contar lo que ocurrió en su experiencia personal mientras el equipo médico la consideraba muerta, o incluso mientras "se estaba yendo".




Pero el hecho es que esta mujer que tendría que afrontar duras sesiones de rehabilitación para empezar a aprender a caminar y que probablemente nunca volvería a correr, apenas un mes después de recibir el alta del hospital participó en una carrera de 10 kilómetros. Y la acabó.

Pocos años después, en la década de los 80, Sally aparecía en el Libro Guinness de los Récords por sus tiempos asombrosamente cortos en carreras de largo recorrido.

Entre sus logros, destaca haber corrido 1000 kilómetros entre Sydney y Melbourne en ocho días, sin descanso, ni siquiera para comer o dormir.

Y hace poco, con más de 60 años, hizo una carrera "breve" de 64 kilómetros para recaudar fondos para una organización benéfica.





Pero todo esto son meras anécdotas, porque lo que Sally realmente valora es que, desde lo que ella considera aquella "experiencia cercana a la muerte", ha dejado de tener miedo.

Ya no le tiene miedo a la muerte, dice. Sabe que es apacible, liberadora y embriagadoramente amorosa.

Adora la vida. Vivir cada día, cada instante del día, desde que se levanta de la cama hasta que se vuelve a levantar.

"Y sé que también amaré igualmente cualquier vida después de la muerte, incluida la muerte misma."




La práctica del disfrute diario, del amor a la vida, quizás es la mejor inversión que podamos realizar. El mejor aprendizaje, la mejor práctica.

Si practicas el miedo, eso es lo que te vas a encontrar en todo momento, con motivos o sin ellos.

Si vives la vida diaria con miedo, dormirás con miedo, y probablemente aparecerán las pesadillas, producidas por tu mente creadora, por tu miedo creador.

Y morirás con miedo, y aparecerán los infiernos que tu mente produzca.

Porque allá donde vayas la ciudad va contigo, como decía el poeta griego Kavafis.

Si crees que la tierra pura o el paraíso están en otro lugar, en el futuro, probablemente nunca las vas a encontrar. Porque la práctica del presente es la que vale. Lo que practiques ahora es lo que se estabiliza y se afianza dentro de ti.

Si no puedes ver la tierra pura allá donde estás, difícilmente la vas a encontrar en ningún otro lugar.

Si aquí, y ahora, practicas el amor y el disfrute en cualquier situación,

es muy probable que en el futuro experimentes el amor y el disfrute en cualquier situación.


"Amo esta vida -dice Sally.

Y sé que también amaré la otra vida.

No le temo en absoluto a la muerte."





Ella quiere ser como Sally,
tan enamorada de la vida,
tan enamorada,
que ya le da igual lo que aparezca,
no le preocupa lo que aparezca
porque todo será
igualmente
ecuánimemente
amado.






Reflexiones de una estudiante budista