domingo, 10 de janeiro de 2016


ALAS DE MARIPOSA



Cierra los ojos y despliega tus alas…

Viajar no es ir a la caza del sol, el exotismo o la cultura, sino romper con la rutina, con el tormento diario que a veces se convierte nuestra propia existencia.
Viajar es descifrar la música bajo el ruido de una calle desconocida, acoplarse a las costumbres ajenas.
Viajar es abrir el alma a corrientes foráneas que inundan nuestros pulmones de aires nuevos, extraños y mágicos. Es oxigenar nuestra mente, y hacer que sea más condescendiente, rica y pura.
Viajar es desvelar ante sí aspectos de uno mismo que permanecen catapultados por la cotidianidad.
Viajar es dar rienda a nuestras inhibiciones, ensueños y sensaciones. Los colores se perciben más fuertes. Los olores penetran más hondo, desgranando aromas sensuales y envolventes. El gusto retoma el sibaritismo dormido de todo ser. El tacto percibe la fibra invisible del grano de arena.
Viajar es el lujo no permitido a mentes estrechas y enrarecidas de lo no conveniente. Es saltar barreras interpuestas en nuestra querencia interior… Es dar alas de mariposa a nuestros sueños más íntimos, es llenar el vacío que alguien dejó. Es rejuvenecer, quitarse dioptrías que oscurecen las luces de la vida.
Viajar Es parar el reloj mundano y encender la llama interior donde la prisa no tiene hábitat, y sí el segundo más sentido.
Viajar es ver nacer el alba con la pausa de la agenda acelerada. Es volver a la luna llena de un romanticismo perdido.
Viajar es recordar que estás vivo, que en tu mano aún cabe un soplo de aire que te acerque a la costa de un mar en calma… Porque, como dijo Alberti “El mar cabe en una sola ola, y no hace falta pensar en el océano sin límites para sentirlo recogido, íntimo y completo”


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