sexta-feira, 6 de novembro de 2015

Microrrelato: Pechos




Cuadro de Ernest Descals.web del autor

 PECHOS

Francisco Rodríguez Criado

El rostro de la mujer, que no cumplía ya los cincuenta, moldeó una sonrisa amiga en cuanto hice acto de presencia. Eso fue lo primero que encontré después de tanta oscuridad: la caricia de una sonrisa que insinuaba: “Llevo años esperándote”. Para no malograr sus sueños, me enamoré locamente de ella. Diré la verdad: no era atractiva. Tenía un peinado algo anticuado. Nada de Coco Chanel o salones de belleza. Y además era mayor que yo… ¡Pero qué calor habría de emanar su fornido cuerpo! ¡Qué calidez en aquel envase a buen seguro sin utilizar! ¡Qué caudal de deseos sin satisfacer almacenados en los rincones de su alma! Yo (¡sí, yo!) haría de ella mi madre y mi amante al mismo tiempo. Durante unos instantes (toda una vida) retozaríamos por los jardines prohibidos del amor. Sin complejos. ¿Qué importaban la imperfección de sus curvas y mi falta de experiencia en el juego de la seducción? ¡Me lanzaría a su regazo y treparía hasta hundirme en lo más profundo de aquellas inmensas y esponjosas ubres y, una vez en ellas, construiría una madriguera de la que nadie pudiese rescatarme! Este servidor, tan poco viajado, entendía aquellos brazos como el pasaporte a nuevos y fructíferos territorios sin explorar. Aquello sería un gran banquete pasional. ¡Un banquete lleno de pechos, pechos y nada más que pechos! Un buen comienzo a fin de cuentas, pensé. ¡Pero antes de asaltar el escote de mi querida enfermera habría que esperar a que alguien se dignase cortar el maldito cordón umbilical!