terça-feira, 3 de novembro de 2015

Irving Penn

 IRVING PENN


"Una buena fotografía es aquella que comunica un hecho, toca el corazón y deja al espectador en una persona cambiada por haberla visto. Es, en una palabra, eficaz. "

Irving Penn (Plainfield, Nueva Jersey, 16 de junio de 1917 - Nueva York, Nueva York, 7 de octubre de 2009 ) fue un fotógrafo de modas y de retratos estadounidense.

A los 17 años comenzó a estudiar diseño en la Escuela Museo de Arte Industrial de Filadelfia, bajo la tutela del fotógrafo ruso Alexey Brodovitch, director artístico de la prestigiosa revista de moda Harper's Bazaar entre 1938 y 1958. En principio, Penn quiso ser diseñador gráfico, y como tal dio sus primeros pasos en Nueva York. Allí fue director artístico en los grandes almacenes Sacks de la Quinta Avenida. Luego se interesó por la pintura. Penn se compró su primera Rolleiflex con el dinero que ganó dibujando zapatos, a cinco dólares por dibujo, para el “Harper’s Bazaar“. Cuando fue a México a pasar un año, ya tenía también una cámara con soporte de 4×5, y utilizaba ambas a menudo y bien. Sin embargo, no había pensado que la fotografía podría convertirse en el centro de sus ambiciones artísticas.



Intentó perfeccionar su técnica con el pincel durante un viaje a México de un año, en 1942. Después Penn volvió a Nueva York, insatisfecho con sus pinturas, pero amaba las bellas telas de lino donde las pintaba. Por eso no quemó sus fracasos, sino que los arrinconó y luego los lavó hasta dejarlos limpios, a fin de poder seguir admirándolos como amantes para mesitas. De aquel periodo, aproximadamente, han sobrevivido algunos dibujos sin fecha, que hacen pensar que los modelos más importantes para Penn eran De Chirico y Matta.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Penn adquirió fama por sus elegantes y glamorosos retratos femeninos publicados en Vogue. En sus fotografías, el sujeto solía posar ante un sencillo fondo blanco o gris, usando la simplicidad más efectivamente que otros fotógrafos de la época. Penn cambió para siempre el mundo de la moda, al unir arte y publicidad, vanguardia y sentido comercial, abriendo el camino a otros fotógrafos estrella, como Richard Avedon o MarioTestino. Hoy en día sus fotografías se exhiben en los grandes museos del mundo.




Él fue quien introdujo los conceptos de "menos es más". Su estilo se caracteriza por descontextualizar a sus personajes, cambiando el modo de ver la moda haciendo retratos sencillos y elegantes, meramente contrastados, siempre los sitúa ante los mismos fondos, los cuales son grises o blancos, dejando al descubierto únicamente la personalidad de la persona y a la persona en sí que retrata.

 





Fotografió desde famosos como Pablo Picasso, Richard Avedon, Truman Capote, Simon de Beauvoir, Jean Cocteau, Miles Davis, Colette o Alfred Hitchcock; hasta colillas, botes de cosméticos, botellas, jarrones, comida, flores o partes de animales.


                                  Richard Avedon, Irving Penn y Helmut Newton, 1993.


"La gente a la que fotografié no era primitiva. La gente primitiva vive en Nueva York"

(Irving Penn, New York Times, 1991)







En esa época, otro artista ruso, Alexander Liberman, era director de arte de Vogue. Liberman introdujo a Penn al mundo de las vanguardias; al uso meticuloso del color y la forma en las composiciones, y el tratamiento de la imagen artística como un objeto industrial. Gracias a él, Penn tomó su primera imagen en color.





Su primera portada para Vogue fue en octubre de 1943, cuando aquella revista todavía no tenía la costumbre de llevar a famosos a su primera plana. Liberman le pidió que tomara una imagen de moda, y el fotógrafo pidió una cámara prestada y arregló un bodegón con un bolso de piel y tela marrón, un pañuelo gris, una lámina con cítricos y una nota colgada en una pared en que se anunciaban los contenidos del mes: "zapatos y accesorios".


Numero 1 -outubro-1943

Fue el lanzamiento de su carrera. Él mismo resumiría su estilo en una célebre frase, pronunciada en la apertura de su propio estudio en 1953: "Fotografiar un pastel también puede ser arte". Fue aquélla la principal característica de su estilo: la sencillez del "menos es más". Fotografió colillas, botes de cosméticos, botellas. Todo podía ser arte.




Refiriéndose a sus primeros años en “Vogue”, Penn se recuerda a sí mismo, probablemente sin franqueza y desde luego hiperbólicamente, como un salvaje de la calle rodeado de gente sofisticada. Es seguramente cierto que el aspecto de sofisticación era en aquellos años el capital más apreciado de la revista y un capital que no se vendía barato. En 1949, Liberman dijo a Penn que se comprara un traje de etiqueta y se fuera a París a ver las nuevas colecciones, no ha trabajar, sino a familiarizarse con el mundo con el que estaba trabajando: como hablaba, andaba, comía, bebía y hacía negocios ese mundo. Penn disfrutó mucho en ese viaje.

Tras la II Guerra Mundial, cuando su estudio de Nueva York era un destino obligatorio de todas las personalidades de lacultura que visitaban la ciudad. Fue allí donde Penn realizó sus famosos retratos de personajes atrapados en una equina, en el espacio estrecho entre dos paredes que deseaba simbolizar la confusión reinante tras el conflicto bélico.



En 1950, fotografío las colecciones de París y produjo un serie de fotos que sigue siendo igualmente memorables y cambiaron las pautas por las que se juzgaría, durante algún tiempo, a las futuras fotografías de moda. Sus fotos no hacen referencia a argumento o circunstancia alguna, no hay sugerencias de viejos castillos o picnics perfectos o coqueteos deliciosos en salones eduardianos, o focos o mundos oníricos. No son relatos, sino simples fotos dentro de los límites de un vocabulario clásicamente simple, hacen una producción a términos pictóricos de la idea y del espíritu de trabajo de otro artista: el trabajo del modisto.



En 1950, se casó con la modelo Lisa Fonssagrives durante 42 años, con quien tuvo un hijo llamado Tom y ella se convirtió también en su colaboradora profesional. En las imágenes de Fonssagrives tomadas por Penn, ella aparece como un paradigma de los estándares estéticos de los años cuarenta y cincuenta. Tres años después, fundó su estudio fotográfico. Quedó viudo en 1992, cuando Fonssagrives tenía 80 años.



En su obra de madurez se alejaría de la influencia del surrealismo y la vanguardia al estilo de Dalí que imperó en la fotografía de moda hasta los años cuarenta para presentar imágenes impactantes en su sencillez, modelos sobre fondos inmaculadamente blancos. Fue un cambio sustancial que luego otros maestros, como Avedon, convertirían en algo habitual.




Su estilo no cambió con los caprichos de la moda y sus modelos siempre aparecieron solemnes y elegantes. Fue capaz de dotar de esa actitud incluso a las imágenes que tomó, en 1967, de los rudos Ángeles del Infierno.



Irving Penn se le ha criticado por llevar hasta el límite aquel enfoque tan centrado en mostrar a la persona descontextualizada. Es lo que hizo en su trabajo en Latinoamérica y África. Llevó hasta lugares remotos su estudio portátil, sus focos y sus fondos blancos, para fotografiar nativos. Se consideró que Penn trataba a los aborígenes como si fueran modelos, en imágenes carentes de conciencia social. Hoy, aquellas fotos tomadas a finales de los sesenta en países como Camerún, que muestran a hombres y mujeres de piel azabache cargados de ornamentos blancos, podrían ser parte de cualquier colección de alta pasarela.



Ése era el secreto de Irving Penn: descontextualizar a la persona para que su cuerpo fuera su única expresión. En ese sentido, una modelo de Manhattan y un niño de la calle de Cuzco reciben en su obra el mismo tratamiento. Según dijo en una entrevista al diario The New York Times en 1991: "La gente a la que fotografié no era primitiva. La gente primitiva vive en Nueva York".

Sus fotografías de estilo de vida para todas estas publicaciones siguen llevando su exquisito toque de sencillez pero reflejando lo verdaderamente importante, la esencia del sujeto y su interior más profundo. En las fotos de grupos que realizó en esta tesitura sigue mostrando esto dejando patente que la persona es capaz de llenar todo un vacío de un marco si conseguimos llegar a ella a través del objetivo.

Del blanco y negro al color


En general la fotografía de Penn se conoce más por su “ausencia” de color; y es que el monocromo dio a Penn al principio una elegancia que parecía imposible conseguir con el color. Obviamente esto no fue así y en las portadas de las revistas, junto con las fotografías a color de sus últimos años dejan patente que acogió el color para darle un enfoque nuevo a la imagen; aunque jamás cambiando su estilo. Eso quizá ha sido lo más importante de Irving Penn y por lo que ha día de hoy muchos de los fotógrafos le debemos tanto, conseguir que la sencillez técnica sea superada por lo verdaderamente importante en la fotografía: el interior de la misma.

Recibió el premio Hasselblad en 1985, y dos años más tarde fue galardonado con el Premio de Cultura de la Asociación Alemana de Fotografía.

Publicó diversos libros, incluyendo Flowers (1980), The astronomers plan a voyage to Earth (1999) y Photographs of Dahomey (2004), además de exhibiciones de su obra.




Falleció el 7 de octubre de 2009 en su casa de Manhattan a los 92 años.

Sus obras, hoy en día, se exhiben en los principales museos del mundo, incluidos el MoMA y el Metropolitan de Nueva York, el Moderna Museet de Estocolmo, la National Gallery de Washington y el Art Institute de Chicago. Trabajó para Vogue hasta el final de sus días. En uno de sus últimos trabajos, una foto de un pomposo traje de Christian Lacroix en abril de 2008, volvía a aquel estilo que le hizo famoso: una modelo posando, con los ojos cerrados, sobre un fondo de papel blanco, arte en su sencillez.



Una exposición afincada en el corazón de Chelsea (zona de galerías y demás menesteres artísticos de Manhattan) y que merece mucho la pena visitar a pesar de no ser de gran tamaño. Una exposición en la que descubrir lo que el director Alexander Liberman, antiguo director de Vogue, hablaba y pensaba de la persona con la que más trabajo en su vida, y con la que descubrió lo que significaba la verdadera fotografía en el mundo editorial tras trabajar con Irving Penn.