segunda-feira, 23 de novembro de 2015

Aprende a vencer la ansiedad







Te falta el aire… no puedes dejar de comerte las uñas… abres la nevera cada dos minutos y siempre encuentras algo nuevo para comer… te cuesta mucho conciliar el sueño ¡y ni que hablar de concentrarte en tus tareas! Estos síntomas son típicos de un episodio de ansiedad.

“Aunque la ansiedad sea parte de tu vida,

nunca dejes que ella controle tus movimientos”

-Paulo Coelho-

Casi todos los hemos experimentado y hasta más de una vez. No estás solo en esta cruzada. Pero vale la pena hacer el esfuerzo para revertir esta situación que tanto molesta y perjudica.

La intranquilidad, los nervios, el insomnio y el agobio pueden formar parte de tu pasado.Respira profundo con los ojos cerrados y comienza a trabajar para reducir tu ansiedad.

Nada de consumir ansiolíticos (u otras drogas similares), hacer un retiro espiritual al medio del Tíbet ni mudarse al campo… la mejor técnica para reducir la ansiedad es hablar en tercera persona.



¿Qué quiere decir? Es muy sencillo. Cada vez que tengas que referirte a algo que te ocurre, hazlo como si narrases el caso de otro.

Por ejemplo, en vez de decir “me siento abrumada por los preparativos de mi boda”, en tercera persona sería: “(tu nombre) está abrumada por los preparativos de su boda”. En lugar de exclamar “¡Cómo me cuesta dejar de pensar en mis vacaciones!” indica “(tu nombre) tiene problemas para dejar de pensar en sus vacaciones”.

Siempre como si estuvieras contando lo que le ocurre a alguien que no eres tu. Hasta puedes cambiar el nombre y usar uno “genérico” como María o Juan (salvo que te llames así, claro está) o bien directamente, utilizar el pronombre “él” o “ella” según corresponda.

Este método nos puede ayudar a aliviar la ansiedad pero también a mejorar nuestra actitud en situaciones conflictivas o de mucha tensión.

Se debe a que al evitar el “yo” ponemos un poco de distancia al acontecimiento. Pasamos de ser el centro del problema a convertirnos en espectadores.

Es un pequeño cambio en el discurso que sirve para ver la situación desde otro ángulo, como si sólo fuéramos observadores de las noticias o de algo que ocurre muy lejos de nosotros.

El diálogo con nosotros mismos

Si a la técnica de hablar en tercera persona, le sumamos el hecho de que el diálogo interior es muy importante para reducir los niveles de ansiedad, podemos llevar a cabo un tratamiento más “integral” y abarcar el problema desde varios frentes.

Las modificaciones en el lenguaje al referirnos a nosotros mismos, lo que nos pasa y aquello que sentimos pueden tener una influencia positiva en la capacidad de regular pensamientos, emociones y actitudes. Esto es realmente útil en situaciones de mucho estrés.

Más allá de decir las típicas frases de motivación como por ejemplo “él puede hacerlo”, “ella tiene la capacidad para lograrlo”, vale la pena intentar hablar más con nosotros mismos.

Puede ser en voz alta o no, frente al espejo o en el refugio de tu almohada, cuando estás en casa o mientras viajas al trabajo en el coche. Poco importan los detalles, lo que si interesa es darnos las instrucciones adecuadas para poder avanzar y dejar de lado la ansiedad y los nervios.

Si cuando pasamos por situaciones muy estresantes dirigimos nuestro diálogo interno a buen puerto podremos:
Concentrar la atención.
Focalizarnos en los aspectos importantes.
Regular el esfuerzo al tomar decisiones.
Tener en claro qué debemos hacer, cuando, cómo y por qué.
Manejar las emociones que nos suelen gobernar.


¡Por supuesto que puedes ser tu propio entrenador! El diálogo interno y hablar en tercera persona son dos técnicas muy útiles para reducir la ansiedad.